
REDESCUBRIR LA VIDA
abril 24, 2026
PSICOTERAPIA Y FINITUD
julio 1, 2026Llevo ya unos años acompañando familias en diferentes escenarios. En los problemas que traen a consulta, en las preguntas que surgen de mis talleres y conferencias y en conversaciones informales. Sin contar, además, que todos de cierta forma somos cercanos a alguien que tiene hijos o hijas y está en la tarea retadora y difícil de educarles y criarles de la mejor manera. Y aún más central, todos y todas tenemos la propia experiencia de lo que ha sido ser criados o educados por otros seres humanos. Todo esto con sus luces e imperfecciones. Y podríamos partir de ahí: ¿qué tanto recuerda usted que le dijeron que NO en su niñez?
Puede ser que esto tenga ciertos matices generacionales, y algunos respondamos fácilmente y con algo de frustración que mucho o mucho más de lo que hubiéramos querido. Otros quizá no se sientan identificados y para algunos fue solo lo justo. Lo cierto, es que más allá de esas variaciones, la idea de limitar ciertos comportamientos se ha vuelto (¿o siempre ha sido?) muy problemática para las familias actuales, generando miedo por las consecuencias que decir NO pueda traer. Prácticas y formas de crianza que atacan los límites han tomado auge, quizá desde ese mismo miedo de las nuevas familias, convirtiéndose en un refugio de elaborados argumentos para evitar la frustración y el malestar que trae poner límites. Sobra decir, que en un noventa porciento estas prácticas ya fueron desacreditadas por la investigación, aunque sigan siendo altamente apreciadas en el marketing y el mercado.
Decir NO es un acto de amor. Y que sea un acto de amor ya es una razón suficiente para hacerlo. Los seres humanos necesitamos comprender desde temprana edad que existen emociones desagradables, que tenemos que lidiar con ellas y que hacen parte de nuestra sabiduría y brújula emocional. Además, es un ejercicio sano contra el narcisismo que entendamos que no podemos hacerlo todo, ni pretenderlo todo, ni sobrepasar ciertos límites. Un niño o niña que crece sin entender esta frustración se convierte en un adulto que no asume y, que, además, tiene un alto riesgo de creerse invencible. Cuando en familia decimos que NO, estamos fomentando un proceso que después se desplegará en la adolescencia y la adultez: la autorregulación. Estamos creando una voz que permitirá saber en que momento frenarse, pararse y regularse por el propio bienestar, el cuidado o por el respeto y buen trato con los demás. Cuando dices no, estás enseñando a tu hijo a que sepa hacer lo mismo internamente.
Por supuesto, no solo queremos familias expertas en NO, también es clave saber cuando decir SÍ. Cualquier extremo es una causa de inflexibilidad. No queremos tampoco adolescentes o adultos perfeccionistas o que se castigan constantemente a sí mismos porque no se les flexibilizó o hizo una concesión. Esto, en el marco del ocio sano, la diversión, el reconocimiento. Pero hay NOES que son NO. Y punto. La seguridad y el bienestar nunca están en juego.




