
ORÍGENES
marzo 19, 2026
PAPÁS Y MAMÁS QUE DICEN NO
mayo 23, 2026Para quienes están familiarizados con las técnicas de mindfulness o de meditación es conocido uno de los principios que aparecen en estas filosofías de vida que invita a redescubrir nuestra vida momento a momento con lo que algunos autores llaman mente de principiante. Se trata de una de las bases más importantes de cualquier tradición de la transformación de la consciencia y es un método claro y certero contra el aburrimiento y la vida automatizada y rutinaria. El principio es claro: viva cada momento pendiente de lo único que tiene en sí mismo, viva cada instante notando las particularidades. Pase la vida observando, detallando, mirando con atención a cada uno de los procesos involucrados que se necesitan para que una experiencia particular que vivimos los seres humanos pueda surgir.
Pensemos un ejemplo: suponga que, como pasa con muchas personas, usted todos los días de su vida se toma un café. Un café que se toma en un mismo horario, quizá preparado en una misma máquina, puesta en un mismo lugar, de una misma marca y calidad, con aparentemente la misma agua, entre otros factores. En apariencia este café puede ser el mismo todos los días y así se va volviendo parte de una rutina en la que pasa a ser parte del automático y se pierde entre otras actividades. Sin embargo, si volvemos a mirar el café como una novedad, como si cada café que nos tomamos y preparamos fuera el primero de nuestra vida, las cosas inmediatamente se transforman. Notamos que por más repetitivo que se haya vuelto el proceso, por más estandarizado que esté, es imposible controlar todas las variaciones que aparecen y por lo tanto siempre se presentará de forma distinta: un aroma, la temperatura, el peso, el sabor, el color (quizá un día está soleado frente al gris del anterior), etc., etc. La idea de la linealidad y la lógica predecible que tan aburrida hace nuestra existencia, se pierde y debe ser reformulada.
La invitación, como en el ejemplo anterior, es precisamente a vivir, o al menos intentar, de una forma en que cada momento se redescubre con sus cambios y particularidades, cada vínculo, cada encuentro, cada situación es nueva. Sea agradable o desagradable. ¿Quién dice que el sufrimiento no se puede curiosear y ver con una mente abierta y plena? Es una tarea difícil porque implica luchar contra la robotización en la que vivimos actualmente. Pero es posible. Buena parte de nuestra vida la vivimos en el asombro: durante la curiosidad inagotable de la niñez y la imparable duda de la adolescencia.
Y ojo. No quiero decir que la idea sea volver a ser niños o adolescentes. Un adulto es un adulto. Debe mantenerse así. Pero si, podría recuperar la capacidad para ver el cambio, notar la novedad y abandonar la tétrica idea de que “ya se las sabe todas”. Y tampoco se trata de abortar nuestros planes o dejar de lado las experticias que nos ha costado sudor adquirir. Se trata de usarlas en el marco del asombro, el cuestionamiento y el pensar. De planear con consciencia, entendiendo el futuro y su incertidumbre. De movilizarnos como expertos sobre olas de cambio y, así, estar abiertos a redescubrir y llenar de nuevo nuestras vidas.




