
PSICOTERAPIA Y FINITUD
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PRESENCIA Y GENEROSIDAD
agosto 11, 2026Durante los años que llevo acompañando grupos, personas, familias y organizaciones en sus procesos de cambio, transformación o comprensión de su existencia, he descubierto que una de las partes más interesantes de cualquier proceso de desarrollo de la consciencia es la realización de la existencia contradictoria (en otros términos, compleja) que llevamos los seres humanos. Este es un momento difícil, un momento que cuesta, pero que después de ser integrado se convierte en un momento de gozo y transformación. Nos cuesta aceptar que nuestras vidas son contradictorias porque nos han enseñado a pensar en un ser humano que es lógico y se mueve en línea recta, que es más un robot que una persona de carne y hueso.
Es imposible si se quiere trabajar en uno mismo no descubrirse en escenarios totalmente opuestos. En algunos casos valoramos cosas que se contraponen, o nuestros comportamientos así lo demuestran. Claro, en un proceso de cambio y desarrollo algunas de estas cosas terminan siendo leídas como problemáticas o patológicas y necesitan ser atendidas o cambiadas. Pero, también, es parte de ese mismo proceso darse cuenta de que naturalmente nos habitan contrarios sin que necesariamente esto sea un problema. Podría ser que nos preocupemos mucho por el bienestar social pero también nos guste ganar dinero y las dinámicas que esto implica. Podemos amar a alguien con toda nuestra vida y desear repentinamente a otras personas. Que la vida sea compleja no es un problema. Eso no la hace complicada o difícil. Lo que la enreda es que nos enfrentemos a nuestras contradicciones con miedo, ocultándonoslas o enfrentándolas con el ánimo de eliminarlas definitivamente. Es una perdida de tiempo. Es un camino más saludable reconocerlas, integrarlas y saber que mientras vivamos no dejaremos de contradecirnos.
Saber cuando somos inauténticos es parte fundamental de la autenticidad. Es una de nuestras contradicciones básicas. Leer adecuadamente los contextos en que podemos expresar ciertas polaridades también lo es. Un ser humano flexible no es una línea recta, más bien, es cambiante y fluido. Lo reconoce. Sabe que puede oscilar entre modos de ser distintos, así en su cotidianidad parezca ser siempre el mismo. En últimas, si lo leemos desde un lugar espiritual y de alto desarrollo, todos somos todo. Es decir, que queramos o no, lo bueno, lo malo, lo feo, lo que nos gusta y lo que no, etc., habita en nosotros y puede manifestarse. Somos un recipiente propicio para la contradicción. Eso sí, no podemos excusarnos en esto para comportarnos sin responsabilidad. “Te hago daño porque soy contradictorio”. No. Reconocer esto es poder también regularlo y actuar en consonancia. Revísalo en ti y en otros, te darás cuenta cuando alguien se permite vivir su complejidad. Y cuando no, también. Sus contradicciones lo someten.




