
¡QUE VIVAN LAS CONTRADICCIONES!
julio 22, 2026Si se le pregunta a la mayoría de los seres humanos responderán que han ayudado a alguien. Que han sido generosos. Y quizá, la mayoría de nosotros también respondería que hemos recibido ayuda o generosidad. O que al menos lo hemos intentado u otros lo han hecho. Nos han enseñado que la única forma de generosidad es el dinero, que solo damos cuando entregamos plata. Otras formas nos parecen extrañas, incluso cuando las recibimos. Ahora. Es también muy común que la mayoría sintamos que alguien intentó ayudarnos, pero que al final, terminó complicando más las cosas. Creyendo que nos daba una mano, nos enredó más los asuntos difíciles que ya estábamos atravesando. Esta es una experiencia bastante común, que generalmente termina pasada por el silencio cordial o en un estallido de ira que el otro tampoco comprende. Como si comunicar que eso no es lo que necesitamos no fuera una opción. Nos da pena o nos gusta huir, porque consideramos que la generosidad es un acto que no debe ser controvertido.
Controvirtamos un poco. ¿Toda la generosidad es buena? ¿No debería cuestionarse? ¿Hay formas fáciles de saber qué necesita realmente alguien? Evidentemente no son preguntas fáciles ni comunes, pero es necesario darles una mirada. Buena parte de nuestras acciones generosas no son necesariamente desinteresadas, podríamos decir, incluso, que son bastante interesadas. Se hacen más por razones y motivos personales y por satisfacción propia que desde una lectura de lo que realmente le está ocurriendo a otro. Muchas veces damos lo que consideramos a nosotros mismos nos gustaría recibir. Es decir, permeamos las necesidades del otro con las nuestras y desde allí actuamos. Por eso, a veces, a quien queremos ayudar termina frustrado, con ira o resignado con una sonrisa falsa desde su silencio. Y no es que todos seamos psicópatas, solo que la mayoría no somos muy conscientes. Es decir, no estamos muy presentes. Vivimos atrapados en afanes y en correrías diarias que no nos permiten mirar hacia adentro. Por lo tanto, actuamos reactivamente incluso en los momentos de ayuda o generosidad. Hay momentos, de emergencia, de tragedia, donde ciertas ayudas son obvias o donde las peticiones han sido hechas explícitamente. Pero en otros, saber qué realmente necesita alguien es una cuestión de estar presente, atento y escuchar. Eso nos dará una señal más clara de si lo que se necesita es material, una palabra amable o un momento de escucha.
Lo mejor cuando queremos ayudar a alguien es preguntarle qué necesita. Puede que la necesidad no exista en nuestra consciencia, pero así, realmente actuaremos en consonancia generosa, ayudando como realmente el otro lo requiera. O tomándonos la libertad de expresarle que no podemos hacer lo que nos pide. Decir que no también es generoso. Todas las tradiciones espirituales serias hacen énfasis en la generosidad, pero esta no puede darse de forma adecuada en un ser humano que vive atrapado en sus propias fantasías y necesidades. Estar atento y escuchar, estar presente con los demás, nos permite saber qué quisieran realmente, y así, no convertir la mano que tendemos en otra forma más de narcisismo.




