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Pero no solamente estamos reconciliándonos con la emoción en el mundo científico, esto lo podemos observar también en la cotidianidad de nuestras vidas. ¿Atendemos solo nuestros pensamientos y nuestra dimensión racional? ¿Le damos cabida y bienvenida a nuestras emociones? Al ser hijos de las eras de la razón, esto puede costarnos un poco, hasta el extremo en que algunas personas no valoran aquello que sienten, lo ven inútil y por ende en su día a día no lo hacen respetar. Este es un grave error. Nuestras emociones siempre son válidas, tenemos derecho a sentir lo que sentimos y tiene una razón evolutiva y de salud cuando aparece. No todos sentimos igual ni nos emocionamos con las mismas cosas. Y eso está bien. No le quita valor, ni es necesario hacer ninguna comparación. Por supuesto que nuestras emociones pueden volverse problemáticas, pero en este caso, hablamos de nuestro sentir cotidiano y humano. Eso sí, tenemos que tener claro que toda emoción es un motor de comportamiento, es decir, nos lleva a hacer cosas, a interactuar de alguna manera o a intervenir sobre el mundo de formas particulares. Algunas de ellas dañinas y poco convenientes. Pero una cosa es lo que sentimos y otra muy diferente la forma en que actuamos en consecuencia. Por lo tanto, podemos señalar y cambiar comportamientos, más no aquello que experimentamos en nuestra dimensión emocional. Nuestras emociones siempre son validas y necesarias, sean agradables o no.
Nuestra vida puede dar un cambio importante si nos permitimos darle la bienvenida a lo que sentimos. Podemos obtener información clara sobre los cambios internos y externos y tomar buenas decisiones haciéndole un contrapeso sano a la razón. Por eso, cuando sientas algo, recíbelo, explóralo, siente tu cuerpo como un científico o científica, no te afanes a solucionar y ve re experimentando y reconectando tus emociones. Cambiarán muchos aspectos de tu vida, te relacionarás mejor y seguirás más fácilmente las huellas de aquello que te da sentido. Por supuesto, el precio de vivir en un mundo que aleja lo emocional y privilegia la razón puede ser muy caro y la tarea de reconectarte con lo que sientes puede ser muy difícil. Revísalo y mira si tienes que buscar ayuda profesional para volver a rehabitar tu cuerpo y lo que en él se siente. Es posible y así encontrarás los beneficios de los que tanto hoy hablamos los científicos.




