
¡BIENVENIDA LA EMOCIÓN!
noviembre 1, 2025
NECESIDADES CLARAS, VÍNCULOS TRANSPARENTES
enero 5, 2026Es cierto que hoy en día hablamos mucho más de la compasión en comparación a otros momentos de nuestra historia. Parece que la carencia cada vez más evidente de esta cualidad nos movilice a hablar de ella, intentar promoverla y vivirla. Y es cierto que ser compasivo no es fácil, implica una reestructuración de muchas de nuestras creencias y formas de ver la vida que han heredado la necesidad de competencia a como de lugar, o la defensa de nuestra propia personalidad sin tener en cuenta las consecuencias que esto puede tener en otros o en el ambiente que habitamos. Ser compasivos es una invitación a reformular a nuestros supuestos enemigos, contrarios y a movernos absolutamente diferente de lo que nos han enseñado con aquellos que nos han dañado con sus acciones. Ser compasivo tradicionalmente, es también, una invitación a la acción. A realizar acciones y tomar decisiones de tal forma que podamos disminuir el sufrimiento de quienes nos rodean, de cualquier ser con el que tenemos contacto, humano o no.
Ahora, hay otras formas de compasión que también nos pueden ser útiles en caso de que la primera se nos aparezca muy difícil de realizar o nos tome más tiempo del esperado poder desarrollarla. Yo, personalmente, creo que es posible que todo ser humano sea compasivo y muestre esta cualidad en su cotidianidad, pero, así mismo, soy consciente de la dificultad y los miedos que pueden entrañar ciertos cambios. Pero hay un principio compasivo que poco recordamos y que vino a mi mente mientras revisaba algunos textos de San Francisco de Asís, en los que aseguraba más o menos que si no éramos capaces de ejercer acciones amorosas y compasivas por otros, al menos deberíamos hacer un esfuerzo por regularnos y no molestarlos. Es decir, está bien que sea para ti difícil una compasión activa, pero por lo menos que tus acciones cotidianas no dañen a otros, o no les hagan la vida más difícil. Si para alguien es posible proponerse actuar por el bien común, por supuesto es algo que debe realizar, pero si la idea aún es difícil, puede, por lo menos, continuar realizando su vida procurando no golpear a nadie en el camino. Es decir, es el uso de la autorregulación con un propósito amoroso.
Al final estaríamos hablando de dos caras de la misma moneda. Una compasión activa y otra más pasiva. El ejercer ambas en nuestra cotidianidad nos acercaría al ideal de un mundo más humano y amoroso, pero de no ser posible por lo menos podemos regularnos y comportarnos de tal manera que el ejercicio de nuestra libertad, aunque no aumente la presencia de amor y compasión, al menos, no aumente los índices de malestar. Conocerme y trazarme límites es una forma de amor muy importante. No sacrifico mi vida, pero tampoco la vuelvo una vía para arruinar la de los demás o generarles molestias innecesarias. Por supuesto que todos nuestros pasos dejan algún daño, no hay nada que hacer, pero podríamos proponernos que este siempre se reduzca al mínimo.




